Cuenca se caracteriza por tener una historia cultural ancestral en simbiosis con la historia colonial. En este contexto al caer la noche, emergen una serie de mitos y leyendas de personajes noctámbulos que transitan por las calles de la urbe. He aquí un estudio antropológico de sus escenarios.

 

 

 

 

 

Un microcuento andino

A un costado del camino, a las faldas del Cerro Narrío, se encuentra un pequeño rebaño de alpacas cubierto por el crepúsculo matutino. Muy cerca de estos camélidos está una pintoresca casita de adobe en cuya ventana se divisa, tras la cortina, la silueta de Juana Llivicura. Dentro de su habitación, Juana guarda en su shigra de colores sus suaves alpargatas, su blusa bordada por ella misma y su foto familiar. Sus ojos emanan hilos salados y cristalinos, pues su padre, Luis, minutos antes de ir a su jornada de trabajo agrícola, no muy lejos de casa, le ha advertido que si sale del hogar para casarse con Manuel Sinchi no le perdonará nunca.

El reloj de Sofía

En la periferia de la ciudad de Cuenca hay un hermoso y tranquilo vecindario compuesto por seis casas y al frente de ellas, otras seis, de las cuales dos están deshabitadas.  Una de estas casas se caracteriza por ser la más grande. El segundo piso de la edificación en mención se caracteriza por tener una ventana en cuyo alfeizar reposan unas plantitas como violetas y geranios que proveen de una hermosa vista desde el interior de la habitación, la cual se caracteriza por ser ordenada y limpia. El fulgor de los primeros rayos del sol ingresa a la alcoba y recorre una pequeña biblioteca con unos hermosos libros de ciencias como lenguaje, matemáticas, biología, botánica, zoología y otros de bellas artes como literatura, pintura y música.

Aquella luminosidad va aclarando los retratos familiares ubicados sobre un hermoso velador de madera sobre el cual descansa un reloj despertador blanco cuyas manijas son negras. El reloj tiene un monótono ritmo de tic tac.

        Unos segundos después, las manijas del reloj dan las 06:00 en punto; consecuentemente, la alarma suena con su característico ruido de campanas. La mano de Sofía logra apagar la estridente alarma. Sofía en medio de las cobijas, se persigna y estira sus brazos. Luego, se yergue logrando sentarse y bajar los pies al piso: -Esta vez llegaré temprano- se dijo.

     El inicio es el punto

la convergencia nos lleva a las líneas

las líneas a la geometría

   estructuras, organismos, mecanismos

inician su control en el lugar de origen.

 

Distintos lares infernales, abismales

se disipan. un letargo, un sueño, me

despierto con la luz que ingresa por la ventana.